Lanzarote en 5 días

Septiembre 2020.
Este año está siendo muy diferente debido a la pandemia mundial, y éste es el primer viaje grande que hemos podido realizar. Dada la situación, decidimos no salir de España y comenzar a conocer las Islas Canarias por Lanzarote, la tierra de los volcanes. Antes de empezar a preparar la ruta conocíamos poco más que el Timanfaya, pero nos ha sorprendido más de los esperado. Es la cuarta isla en extensión del archipiélago, pero la tercera más poblada (tras Tenerife y Gran Canaria). En la isla destacan los colores negro de la lava, blanco de las casas, azul del mar y el cielo y verde de los cactus, y sobre todo ello, la influencia del artista César Manrique, cuya obra buscó el equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y propiciando sobre todo un turismo sostenible.

Día 1:

En esta ocasión volamos con Iberia Air Nostrum, y con el cambio horario aterrizamos sobre las 13h. Lo primero que hicimos fue ir a recoger nuestro coche de alquiler, la mejor opción y a nuestro parecer imprescindible para poder moverte por la isla con soltura y conocer cada rincón. Optamos por la compañía PlusCar Lanzarote, una empresa de las islas con la que obtuvimos el mejor precio y condiciones. Alquilamos un Renault Clio (nuevo, en prefecto estado) que nos costó 85€ por 6 días. Lo mejor es que están justo en el parking público frente al aeropuerto con lo que es muy rápido, reservas sin pago por adelantado y no te retienen dinero en la tarjeta. Al dejarlo el último día no hay que realizar ningún trámite. Aparcas en el aeropuerto y listo.

Playa Blanca

Elegimos para alojarnos un apartamento en Puerto del Carmen, un pueblo básicamente turístico pero con una muy buena localización para moverte por la isla, a apenas 10 kms del aeropuerto y con todo lo necesario a un paso y la playa a menos de 10 minutos andando. Y tras deshacer las maletas nos bajamos directos a la playa. De las varias con que cuenta Puerto del Carmen, elegimos Playa Blanca, también conocida como Playa Grande. Es la más turística pero debido a su amplitud no hay problemas de espacio ni aglomeraciones. Es una playa de arena dorada y, como en toda la isla, nos ha sorprendido lo transparente de sus aguas.

Arrecife

Para acabar este primer día nos acercamos hasta Arrecife, capital de Lanzarote, para dar una paseo ya nocturno. Al ser la ciudad más grande de la isla pierde un poco el encanto del resto, pero es muy apetecible visitar especialmente la zona del Charco de San Ginés, una laguna de agua salada llena de pequeñas barcas y rodeada de casas de pescadores, guardando la esencia de pueblo pesquero. A poca distancia recorriendo un precioso paseo marítimo encontrarás el castillo de San Gabriel, al que se accede por el Puente de las Bolas. Y justo antes de la entrada, las letras de ARRECIFE, uno de esos reclamos para fotografiarnos que tanto nos gustan.

Día 2:

La mañana de nuestro segundo día fue para la otra zona imprescindible de la isla junto a sus playas: los volcanes. Y como queríamos conocerlos bien de cerca, hicimos una ruta a pie por uno de los más espectaculares, el volcán Caldera Blanca, junto a la localidad de Mancha Blanca. Se encuentra fuera del Parque Nacional del Timanfaya, por lo que se puede recorrer a pie. En próximos post os contaremos la ruta de forma más detallada. La ruta es de ida y vuelta, de unos 11 kms, lo que nos llevó unas 4 horas (teniendo en cuenta que en la cima nos paramos a comer algo y todo el recorrido fuimos con calma y haciendo fotos). La dificultad la consideraríamos como media, requiriendo al menos un mínimo estado de forma, sobre todo si pretendes subir a la cima del volcán. No es necesario usar botas de trekking, con unas zapatillas de deporte es suficiente, aunque la primera parte el recorrido es más incómodo por el tamaño de las roca sobre las que se camina.

El camino está muy bien definido, pasando primero por el volcán Caldereta, en el que se puede bajar hasta mismo centro del cráter.
Y sólo hay que continuar el camino para llegar a la base del Caldera Blanca. La subida es un poco más complicada, existiendo dos rutas. Nosotros subimos por la que aparece a la izquierda (os la contaremos con más detalle) y la llegada a la cima te deja sin palabras.
El volcán es enorme, con un cráter de más de 1km de diámetro, pero la bajada al centro de la caldera no es muy aconsejable, o al menos nosotros no encontramos una vía que no supusiera un riesgo excesivo. Desde su punto geodésico más alto tendrás las mejores vistas, por lo que te recomendamos que hagas el esfuerzo de recorrer el volcán y llegar hasta ahí.

Volcán Caldera Blanca, vista desde el punto geodésico


La bajada la hicimos por la otra vía que existe pero nos pareció mucho más compleja, por lo que recomendamos que uses el mismo camino de subida y bajada, es más corto y más seguro.

Parque Nacional del Timanfaya

Una vez acabada la ruta nos adentramos por carretera en el Parque Nacional del Timanfaya, estando a muy poca distancia el Centro de Visitantes. A pesar de que es uno de los atractivos de la isla, decidimos no hacer la ruta. El principal motivo es que se hace en autobús, y dadas las circunstancias, redujimos en este viaje los transportes públicos. Además, la idea de ver el paisaje solo desde el interior del bus sin poder bajarnos no nos atraía demasiado. Pero sí que recorrimos la preciosa carretera que lo atraviesa, con los carteles que señalan que estás en su interior.

La tarde iba a ser de relax en la playa, así que nos dirigimos al sur de la isla, parando a comer en la localidad de Playa Blanca en el precioso Simple&Natural. Es un local abierto en un centro comercial que más bien parece una plaza pues no está techado, ideal para descansar, desconectar y disfrutar de un más que agradable almuerzo.

Después de reponer fuerzas nos dirigimos hacia las playas de Punta de Papagayo, consideradas las mejores de la isla. Se encuentran dentro del Monumento Natural de los Ajaches, que es una zona protegida, y la entrada cuesta 3€ diarios por coche. Hay que recorrer una pista de tierra de unos 5kms. Al llegar puedes elegir entre las diferentes playas de la zona.

Playa Mujeres

La más famosa es la Playa de Papagayo, aunque es la más pequeña. Junto a ella también se encuentran la playa del Pozo o Playa Mujeres, que en la que nosotros nos quedamos. Es la más amplia de todas, de unos 400 metros, con una zona de aparcamiento bastante grande. Su arena dorada y agua cristalina turquesa es una auténtica maravilla. Justo frente a ella puedes ver la isla de Fuerteventura. Y sin lugar a dudas, no puedes perderte la puesta de sol.

El final del día lo pusimos en Playa Blanca, visitando el puerto deportivo de Marina Rubicón, una de las zonas más animadas en el sur de la isla, ideal para dar un paseo disfrutando de la agradable noche de Lanzarote. En nuestro paseo nos acercamos hasta el El Castillo de San Marcial de Rubicónde las Coloradas o Torre del Águila, una torre defensiva construida en 1741 ante las constantes incursiones de piratas.

Día 3:

Nuestro tercer día fue el que reservamos para las actividades más turísticas, visitando 3 de los Centros de Arte, Cultura y Turismo (CACT), como fueron Cueva de los Verdes, Jameos del Agua y Jardín de Cactus. La mejor opción, si vas a ver varios, es que compres un bono para 3, 4 ó 6 centros, ahorrándote algo de dinero. Además el bono es válido para varios días, por lo que no tienes que verlos todos en el mismo. En nuestro caso sí lo hicimos, pero por la proximidad entre estos 3, que están casi juntos. La visita nos llevó 1 hora aproximadamente en cada centro.

El primer centro fue la Cueva de los Verdes, formada a raíz de la erupción del Volcán de la Corona, y que ya fue ocupada por habitantes de la zona para esconderse durante los ataques de piratas. Sería en los años 60 cuando el artista Jesús Soto, estrecho colaborador de César Manrique, adecuara la cueva para su visita con un genial trabajo de iluminación, llegando incluso a adaptarse en su interior con un auditorio. La cueva guarda en su interior un secreto que, por supuesto, no os vamos a desvelar, para que tengáis un motivo más para visitarla.

A muy poca distancia está Jameos del Agua, el primer centro de César Manrique. Se trata del mismo túnel volcánico de la Cueva de los Verdes, pero donde parte del techo se ha hundido por la presión de los gases. En su interior hay un lago natural cuya agua se filtra desde el mar, habitado por una especie endémica única en el mundo, unos cangrejos blancos ciegos. Además hay una piscina natural rodeada de varias palmeras donde los contrastes de colores son sencillamente preciosos, y un auditorio en el interior de la roca, con unas características únicas en el mundo.

Como último centro de la mañana fuimos hasta el Jardín de Cactus. En principio lo íbamos a ver otro día pero adaptamos la ruta sobre la marcha, por lo que, si es un día caluroso, mejor ir más temprano ya que en su interior apenas hay sombras.
En la última intervención de Manrique en la isla, aprovechó una antigua cantera para crear un espectacular jardín que contiene alrededor de 4500 ejemplares de 450 familias diferentes, llegadas de los 5 continentes. Y aunque cueste creerlo por su tamaño, todas las plantas que allí se encuentran son cactus.


Para almorzar nos quedamos en uno de los pueblos marineros tan bonitos de esta zona, Arrieta, en el restaurante El Marinero y la Muchacha. En este pequeño y acogedor restaurante encontrarás cocina casera de verdad con producto canario y un pescado fabuloso. Uno de esos sitios que sorprenden para bien, decorado con un gran gusto, y con unas vistas al mar que es la mejor banda sonora para un almuerzo. Nuestra mesa literalmente estaba colgando sobre el mar, difícil encontrar mejor localización.

Caletón Banco

Por la tarde seguimos disfrutando del norte de Lanzarote, y nos acercamos a una de las playas sobre la que habíamos leído maravillas, y no les faltaba razón: el Caletón Blanco. Esta playa se encuentra a poca distancia del municipio de Órzola. Cuenta con una zona de parking gratuito pero limitado. Si se encuentra lleno, a aproximadamente 1 km hay otra zona de aparcamiento, pero luego tienes que ir andando por la carretera, algo que no vimos muy seguro pero la gente lo hacía (nosotros tuvimos suerte de aparcar en la playa). Se trata de una cala pequeña, de unos 100 metros, de arena muy fina casi blanca que contrasta con las rocas de lava negra que se adentran hasta el mar, lo que hace que quede muy resguardada del fuerte oleaje del Atlántico y dando lugar a una de las zonas de baño más exóticas de la isla. De muy poca profundidad y aguas tranquilas, es un sitio ideal para ir con niños.

Playa de Famara

Para terminar el día y aprovechar al máximo nuestra estancia en la isla, nos desplazamos hasta la Playa de Famara, una de las zonas donde ver las más bonitas puestas de sol, llegando a ser considera la mejor de la isla, y no tenemos mucha duda de que así sea. Su situación no puede ser más ideal: una extensa playa de varios kilómetros desde el precioso pueblo Caleta de Famara hasta la falda del inmenso risco de Famara, y al frente la isla de La Graciosa. Como punto en contra, suele ser azotada por fuertes vientos, por lo que el baño hay que realizarlo con cautela, pero esto lo hace ideal para los surfistas, otro atractivo más para visitarla.

Día 4:

Ruta del Volcán El Cuervo

Empezamos el día de nuevo entre volcanes realizando una nueva ruta de senderismo, la del Volcán el Cuervo. Es una ruta de nivel bajo, apto para cualquier persona, de unos 3kms que se recorre en 1 hora y media aproximadamente y la ruta te lleva hasta el interior del cráter. Junto a la carretera hay una zona de aparcamiento desde la que se inicia la ruta. A pesar de ser menos impactante que otros volcanes, tiene como punto a su favor que fue el primero que se formó cuando comenzaron las erupciones que, el 1 de septiembre de 1730, cambiarían el paisaje y la vida de Lanzarote para siempre.

Bodega La Geria

De vuelta al coche, nos dirigimos hacia otra de las zonas más peculiares de la isla, para ver los viñedos de La Geria. Es realmente sorprendente ver cómo, en una zona cubierta por las cenizas volcánicas procedentes de las erupciones del Timanfaya entre 1730 y 1736 se haya podido cultivar la vid. Y para ello se hizo de forma realmente singular, excavando hoyos en la propia ceniza y protegiéndolos del viento con pequeños muros semicirculares. Para nosotros, que vivimos en terreno de viñedos, nos pareció aún más curioso y llamativo.
En esta zona se puede visitar distintas bodegas y degustar esta variedad de vino único en el mundo por sus características.

Y siguiendo la carretera que bordea el Timanfaya nos encontramos con las Salinas del Janubio, en el municipio de Yaiza. Lo mejor es buscar uno de los miradores junto a la carretera desde donde podrás contemplar las diferentes balsas y sus colores.

Los Hervideros

A poca distancia se encuentran los Hervideros, otro de los grandes espectáculos que la naturaleza en la isla nos regala. Son el resultado del rápido enfriamiento de las lavas procedentes de Timanfaya en contacto con las frías aguas del Atlántico que castigan esta zona y la erosión que las bravas aguas han provocado, dando lugar a múltiples cavidades por donde corre el agua. Su nombre se debe a que, los días donde el mar está más bravo, las aguas golpean y corren por estas cuevas escupiendo el agua hacia arriba y al salir de las cavidades provoca bastante espuma y origina un gran ruido, por lo que si el día no acompaña para la playa, es el momento ideal para visitar los Hervideros. Su visita es gratuita y hay una zona de aparcamiento bastante amplia, aunque como siempre es recomendable ir a horas de menor afluencia de turistas.

A apenas 2 kilómetros se encuentra el bonito pueblo pesquero de El Golfo que, como joya de la corona, cuenta con el Charco Verde o Laguna de los Clicos. Se trata de una pequeña laguna literalmente verde debido a una alga que habita en su interior y al azufre de sus aguas. La zona es espacio protegido y está señalizado con una valla que indica la prohibición del baño en esta laguna. El contraste de colores que se dan es mágico, encontrando el verde ya comentado, el negro intenso de la arena de la playa, el azul del mar y el marrón de las montañas. Junto a la entrada del pueblo hay un aparcamiento desde el que acceder andando hasta un mirador habilitado para disfrutar de esta paleta de colores. También encontramos una entrada desde la carretera un poco antes de llegar al pueblo, pero que actualmente se encuentra cortada, y que llega a la misma playa. No obstante, si decides bañarte en esta zona de la isla, recuerda que no es muy aconsejable debido a la fuerza del mar, llegando a ser hasta peligroso.

Charco Verde o Laguna de los Clicos

Tras la intensa mañana que llevábamos, decidimos que nos habíamos ganado una tarde de relax, por lo que volvimos a dirigirnos a las playas de Punta Papagayo que nos habían enamorado en nuestro segundo día en la isla. Y es que te va a costar mucho ir solo un día a esta zona.

Día 5

Llegamos a nuestro último día en las isla, ya que nuestro vuelo sería el siguiente pero por la mañana por lo que no contaba para poder ver nada. Comenzamos en la zona centro de la isla, visitando dos de los pueblos más bonitos: Nazaret y Teguise.

Museo Lagomar

En Nazaret destaca el Museo Lagomar. Esta obra concebida por César Manrique aunque desarrollada por Jesús Soto, ofrece una genial arquitectura, construida sobre una cantera volcánica y aprovechando los laberintos y cuevas naturales de este espacio para crear un oasis en Nazaret. Además cuenta con una historia más que singular de la mano de toda una estrella de Hollywood. Fue en los años 70 cuando Omar Sharif (protagonista de películas como Doctor Zhivago o Lawrence de Arabia) estaba en Lanzarote grabando la película La Isla Misteriosa cuando conoció la casa y se enamoró de ella, aunque lógicamente aún no era lo que hoy es Lagomar. Pero para desgracia del actor, cuentan que el agente inmobiliario que realizó la venta de la casa conocía bien la afición del actor a las cartas, retándolo a una partida de bridge. Pero lo que Sharif no sabía era que su rival era campeón de Europa de este juego. El actor llega a apostarse la casa recién comprada que pierde durante la partida. Desde entonces se dice que, desolado, se fue de la isla y nunca más regresó. Pero lo que quedará para siempre es la propiedad bajo el nombre de La casa de Omar Sharif.

Villa de Teguise

La siguiente parada fue la Villa de Teguise, antigua capital de la isla hasta 1852 en que cedió el testigo a Arrecife. Es uno de los pueblos más bonitos de la isla, y un agradable paseo por sus calles es un plan ideal. Allí se encuentra el Castillo de Santa Bárbara o Museo de la Piratería, que nos quedamos con las ganas de verlo porque está en obras, y los domingos puedes disfrutar de un mercadillo bastante animado (aunque en época de Covid se reduce a las diferentes tiendas de productos artesanales de la localidad).

Nuestro último almuerzo en la isla lo hicimos en un lugar ideal, el restaurante Hespérides. Disfrutamos de cocina italiana pero con producto local, increíble de sabor y muy buen gusto en la presentación. Se encuentra en una casa antigua, y las diferentes habitaciones han sido habilitadas, lo que hace tu comida aún más tranquila e íntima, y ayuda en el distanciamiento obligado en estos momentos. Los dueños son muy amables, con un trato excepcional al cliente.

Meliá Salinas

Este último día cambiamos de alojamiento para trasladarnos a Costa Teguise. La razón, haber conseguido una noche de hotel en Meliá Salinas a través de su promoción Noches por vuestros días para los sanitarios que trabajamos durante el estado de alarma. Y no pudimos tener mejor despedida de la isla.

Aprovechamos esa tarde para disfrutar de su enorme piscina, y para ver la puesta de sol nos acercamos, junto al hotel, a la playa de las Cucharas.

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