Lisboa en 3 días

Día 1

Nuestra visita a Lisboa y alrededores la hicimos en coche, ya que ahorrábamos tiempo y dinero, teniendo en cuenta que el aeropuerto más cercano es Sevilla o Málaga. En esta ocasión elegimos una alojamiento privado a través de Airbnb, y realmente fue un acierto. El piso estaba junto a la Alameda Dom Afonso Henriques, con una boca de metro a 5 minutos y a unos 30 minutos del casco antiguo si se quiere ir paseando.

Si decides hacer un free tour, creemos que la mejor opción es hacerlo el primer día para ver rápidamente las zonas más importantes. Si necesitas uno, entra aquí!

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Alameda Dom Afonso Henriques

Llegamos antes del medio día, comimos en el piso y nos fuimos a pasear. Bajamos andando, comenzando por el Jardim da Alameda Dom Afonso Henriques, un gran parque bastante concurrido tanto por quien solo tomaba el sol aprovechando el buen día, como deportistas y niños jugando. Aquí se encuentra la Fonte Luminosa.

Acercándonos al barrio de Alfama nos encontramos el Mercado de Fusão, aunque más que un mercado es una zona para comer y tomar algo en alguno de sus bares. Seguimos hacia la Praça da Figueira para ver la estatua ecuestre de Dom João I, y a pocos metros se encuentra la Plaza de Rossio, una de las zonas más animadas de la ciudad, y donde se puede ver la estatua de Dom Pedro IV (quien oficialmente da nombre a la plaza), el Teatro Nacional Doña María II y la estación de tren de Rossio.

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Elevador de Santa Justa

Seguimos nuestra ruta adentrándonos en el casco antiguo de la ciudad, donde nos llamó especialmente la atención ver ropa colgada en los balcones en las zonas con tanto turismo. Uno de los grandes atractivos de la ciudad es el Elevador de Santa Justa, que a pesar de ser una de las formas más rápidas de llegar de la Baixa al Barrio Alto, se ha convertido en un atractivo turístico. El precio del ticket (ida y vuelta) es de 5€, y en cada viaje pueden ir 20 personas. Una vez completados sus 45 metros, se puede disfrutar de una de las mejores vistas de Lisboa. Muy cerca se encuentra los restos del Convento do Carmo, destruido en el terremoto de 1755.

Desde aquí nos dirigimos hacia el Arco da Rua Augusta, principal  y más importante acceso a la Praça do Comércio, y símbolo de la reconstrucción de la ciudad tras el terremoto. Y tras cruzarlo, nos encontramos con la plaza más importante de Lisboa, la Praça do Comércio, durante décadas puerta de la ciudad al comercio marítimo, y construida en el emplazamiento del palacio real tras ser destruido en 1755. En el centro hay una estatua ecuestre de bronce del rey José I, y en la parte sur, frente al Arco, queda abierta al Tajo en Cais da Colunas, unas escaleras de mármol que desembocan en el mar a través de las 2 columnas, lugar ideal para detenerse a descansar.

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Praça do Comércio

Nuestra siguiente parada fue la Catedral de Lisboa (Santa Maria Maior de Lisboa o Sé de Lisboa), que se empezó a construir en 1147, siendo posteriormente reformada en varias ocasiones, y hoy es una mezcla de diferentes estilos; es uno de los pocos edificios que han sobrevivido a los terremotos e incendios que han asolado la ciudad. La entrada a la catedral es gratuita. A poca distancia se encuentra uno de los miradores más frecuentados y animados de la ciudad, el Mirador das Portas do Sol, con unas vistas maravillosas de la Alfama y el Tajo.

Seguimos nuestra ruta tomando el tranvía 28, uno de los emblemas de Lisboa, que se ha convertido, además, en una de las atracciones turísticas más importantes. Este vagón pequeño y antiguo de color amarillo y asientos de madera funciona desde 1914. Su recorrido de casi diez kilómetros atraviesa varios barrios. 

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Elevador da Gloria

Tras nuestro paseo, nos dirigimos a la Praça dos Restauradores, que conmemora la liberación del país del dominio español en 1640, y junto a ella otro de los escaparates turísticos imprescindibles, el Elevador da Gloria, un funicular con un corto recorrido (265m) que sortea un desnivel del 17% para llevar desde la Plaza hasta el Barrio Alto. Es muy curioso ver su construcción con un extremo más alto que otro para que los pasajeros vayan en horizontal. Terminamos el día en el Jardín de São Pedro de Alcântara, disfrutando de las vistas de la ciudad y el castillo de San Jorge iluminado.

Día 2.

El segundo día lo dedicamos a visitar uno de los pueblos imprescindibles si vas a Lisboa, Sintra. Se encuentra a menos de 30 kms, y por nuestra experiencia lo más recomendable es ir en tren. Tiene una alta afluencia de tráfico a lo que se le suma las estrechas carreteras y el poco espacio para aparcar. El precio ida y vuelta, incluida la tarjeta que es necesaria para cargar viajes, es de 5€ por persona (cada persona necesita su propia tarjeta), y el trayecto dura en torno a 1h desde la estación de Rossio, la más céntrica. Como inconveniente, no se pueden sacar los billetes por adelantado, por lo que es recomendable madrugar para evitar la importantes colas en la estación. Hay trenes c/30 minutos, por lo que no hay problema de espacio.

Una vez en Sintra, nuestra primera parada fue el Palacio da Pena, uno de los más importantes y reconocibles por su colorido. Para llegar, lo mejor es subir  por carretera, tomando un bus urbano. Se coge casi en la misma puerta de la estación de tren, e igualmente suele haber bastante cola, sobre todo si es en fechas señaladas como nos ocurrió a nosotros.

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Jardines del Palacio da Pena

La visita al Palacio se puede hacer por partes. Nosotros subimos cruzando los jardines, un recorrido a pie de lo más interesante, atravesando un exótico espacio donde se alzan más de 500 especies botánicas procedentes de todo el mundo (entrada solo a los jardines 7,50€).

Al salir del espesor de los jardines nos encontramos con el imponente Palacio da Pena, cuyo colorido nos dejó boquiabiertos. Se puede visitar y pasear por la parte exterior de forma gratuíta, disfrutando de sus vistas, pues se encuentra en un lugar privilegiado en la sierra de Sintra. El precio de la entrada, que incluye la visita a los jardines más el interior del Palacio, es de 14€.

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Palacio da Pena

A apenas 500 metros, tras bajar de nuevo por los jardines, se encuentra el Castelo dos Mouros, nuestra siguiente parada. De este castillo, que fue erigido como fortificación de carácter defensivo, apenas quedan sus murallas, que también ofrecen unas vistas maravillosas. La entrada cuesta 8€, y se recorre en una hora aproximadamente, pero cuenta con bastante desnivel y escaleras, por lo que hay que tenerlo en cuenta si vas con niños o personas con movilidad reducida. Si tu visita es de un solo día, lo mejor es elegir entre uno u otro, ya que no vas a tener mucho tiempo para los 2. Nuestra recomendación es el Palacio da Pena.

Nuestra siguiente visita fue la Quinta da Regaleira. Desde el Castelo dos Mouros encontramos un trayecto para hacer a pie que lleva al centro de Sintra, salvando un gran desnivel entre calles empinadas y escaleras, que también se puede hacer para arriba pero es bastante intenso. Una vez en el pueblo cogimos un bus que nos llevó a la entrada al Palacio da Regaleira.

A pesar de que el Palacio da Pena sea el principal reclamo de la ciudad, sobre todo por su colorido, la Quinta da Regaleira es una visita aún más atractiva, que incluye un palacio, un pequeño lago, un invernadero, varios torreones, una preciosa capilla y un impresionante pozo iniciático de 9 pisos, pues son continuas las referencias a la masonería y los templarios en todo el complejo. La entrada cuesta 8€, y entregan un plano del recinto muy útil para localizar los principales puntos de interés. Es uno de los sitios que hay que visitar sin prisa para poder apreciarlo en toda su magnitud.

Tras volver de Sintra ya entrada la tarde, completamos la jornada acercándonos hasta el Parque das Naçoes, la parte más moderna de la ciudad y que fue donde se alzó la Exposición Universal de 1998. La parada de metro más cercana es la estación Gare do Oriente. En esta zona se pueden visitar el Oceanario, el Puente Vasco da Gama, la Torre Vasco da Gama, o pasear bajo el teleférico en el Caminho da Água.

Día 3.

Nuestro último día comenzó acercándonos, esta vez en coche, hasta el barrio de Belém. Primero disfrutamos del inmenso Monasterio de los Jerónimos, aunque no pudimos entrar pues a pesar de ser muy temprano, la cola para entrar era interminable, así que paseamos por los jardines que lo rodean y, como no, fuimos a la mítica pastelería Pastéis de Belém para comprar los pastelitos de nata, el dulce más típico de Lisboa. Justo en frente se alza el Monumento a los Descubrimientos (Padrão dos Descobrimentos), un monumento con forma de carabela que conmemora el 5º centenario de la muerte de Enrique el Navegante y la época dorada de los descubrimientos. Delante hay una gran rosa de los vientos sobre un mapamundi donde se ven las rutas que siguieron los descubridores. Si subís a su azotea, podréis disfrutar de las vistas desde sus 52 metros de altura (entrada 5€).

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Torre de Belém

Y sólo caminando un poco encontramos con el principal símbolo de la ciudad, la Torre de Belém. Esta fortaleza construida en el siglo XVI en la desembocadura del Tajo tuvo en sus inicios finalidad defensiva, para posteriormente ser usada como faro, centro recaudador de impuestos e incluso como prisión. A día de hoy recibe gran cantidad de visitantes, siendo de los monumentos más visitados de todo Portugal. La entrada cuesta 6€, pero su gran atractivo es su decoración exterior en piedra.

Para la última tarde de nuestro paso por el país vecino decidimos acercarnos hasta el pueblo de Cascais, que se encuentra a unos 30 kms. Se trata de un antiguo pueblo de pescadores que posteriormente se convirtió en destino vacacional de artistas y aristócratas, que dejaron su ella en su arquitectura señorial. Hoy en día es uno de los lugares cercanos a Lisboa más visitados, gracias especialmente a sus playas, aunque también es realmente agradable pasear por su casco antiguo.

Nuestra última parada antes de iniciar el regreso a casa fue para visitar los acantilados de la Boca do Inferno, un conjunto de formaciones rocosas sobre las que rompe el mar y, en los días de fuerte oleaje, el agua se cuela por sus cavidades devolviendo un fuerte sonido que da nombre al lugar. Nos encontramos con un paisaje muy bonito donde descansar y disfrutar de la naturaleza, que sirvió de perfecto colofón a este viaje.

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